Salud dental y estética: La prevención como garantía de estabilidad.

Definir el estado de salud óptimo de una boca es ciertamente difícil. Aunque en términos generales, consideramos que la boca de una persona es saludable cuando observamos una estabilidad, un equilibrio en el tiempo.
Para poder alcanzar y mantener este equilibrio, el punto clave en el tratamiento dental es la prevención. A lo largo de la vida, existen diversas patologías y problemas que pueden afectar a la salud de nuestros dientes. Los podemos resumir en tres grupos:

El primero y más conocido de todos ellos es la caries dental. Se trata de una enfermedad multifactorial que afecta a los tejidos duros del diente, y cuyos efectos pueden ser más o menos graves en diferentes personas, en función de la dieta (rica en azúcares), hábitos de higiene deficientes, la resistencia del huésped o la agresividad de las bacterias.

En segundo lugar, la enfermedad periodontal. Se trata de una enfermedad infecciosa, que causa inflamación aguda o crónica de los tejidos de soporte de los dientes (encía, hueso y ligamento periodontal), provocando pérdida de la inserción, movilidad, y por último la pérdida de los dientes. Esta patología también se ve influida por diversos factores, no afectando por igual a todas las personas que la padecen. Sus consecuencias se relacionan con la agresividad bacteriana, el sistema inmunitario del individuo, el acúmulo de placa bacteriana y cálculo fruto de una higiene deficiente, y el tabaquismo.

El tercer grupo de patologías que afectan al equilibrio de nuestra boca lo constituyen problemas como el bruxismo y otros hábitos parafuncionales, consistentes por ejemplo en el apretamiento y/o rechinamiento nocturno. Estas patologías se relacionan con problemas oclusales, estrés, etc, y como consecuencia ocasionan desgaste dental, fracturas dentales, tensión muscular, problemas articulares de la mandíbula, etc.
Cuando uno o varios de estos factores actúan, e incluso influyen otros condicionantes como la maloclusión, se pierde el equilibrio de salud, y se entra en una situación de inestabilidad que, con mayor o menor rapidez, va a provocar el deterioro de nuestra boca, y ligado a éste, habitualmente problemas estéticos importantes en la sonrisa.

Por este motivo, se hace imprescindible la labor preventiva del odontólogo como primer paso en el plan de tratamiento integral e individualizado de cada persona, pudiento también aplicar programas de prevención específicos para determinados grupos de pacientes: mujeres embarazadas, niños en edad de recambio dental, ancianos y pacientes con dificultades de coordinación o con problemas asociados a la medicación que toman a diario, pacientes sometidos a tratamiento de radioterapia, personas con bruxismo.
Es de suma importancia para que un programa de prevención sea efectivo, su aplicación anticipada a la situación de riesgo, ya que el objetivo de nuestro esfuerzo, no es sólo prevenir la aparición de patología, sino evitar tratamientos odontológicos de mayor importancia.
Lamentablemente, en ocasiones esta situación de equilibrio ya se ha perdido, y se hacen necesarios tratamientos mayores, como implantología avanzada y rehabilitación oral, para devolver o mejorar la función y la estética perdidas.
Gracias a los avances de la implantología, los materiales y las técnicas restauradoras, y tras llevar a cabo un análisis estético y funcional individualizado a cada paciente con ayuda de la imagen digital, en la actualidad podemos apostar por un concepto de estética biomimética, y conseguir que nuestro trabajo quede integrado con naturalidad y armonía en la composición facial y en la sonrisa de cada persona.

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